Los tres primeros años, del 86 al 89, nos dedicamos a la instalación del viñedo, aterrazar, plantación, instalación de espalderas, construcción de la bodega común en Gratallops… En el 1989 hicimos la primera vendimia que no nos entró en la Denominación de Origen porque la vendimiamos a 12,5º. Creo recordar que fue por las recomendaciones de los técnicos del Departamento de Agricultura, que nos decían que utilizáramos las variedades mejorantes (Merlot, Cabernet…) y que no debíamos hacer demasiado grado, así como los vinos de Rioja, que se vendían muy bien…
Esta primera sacudida nos hizo repensar el Proyecto, nosotros queríamos que nuestros vinos fueran aceptados dentro de la Denominación de Origen, queríamos que nuestro trabajo repercutiera positivamente en la comarca. Aprendimos la lección, o nos adaptábamos a la normativa de la DO Priorat o íbamos a hacer vino a otra parte. También nos dimos cuenta que para producir un vino excelente, la uva tenía que estar madura y aún me acuerdo de las uvas de Garnacha rosada que separábamos porque no tenía la calidad que queríamos. Todo esto durante los tres primeros años.
Cuando en el año 1992 nos separamos los socios integrantes del proyecto inicial, para buscar cada uno su propio camino, yo noté una sensación de libertad. Inconscientemente al estar juntos, no podía plasmar mis ideas y hacer asumir algunos riesgos a los demás. Por otro lado, René sabía mucho de vinos y yo estaba empezando y tenía que aprender mucho todavía. Estoy convencido que la separación fue un paso muy acertado, porque cada uno de nosotros tenía y tiene un carácter propio y diferente y así lo pudimos transmitir al vino. Lo cual diversificó y enriqueció la oferta de vinos.
Yo tenía necesidad de empezar mi línea de vinos. Pero para conseguirlo no lo podía hacer de cualquier forma, soy biólogo y mi formación académica es científica. Por este motivo, durante toda mi vida profesional estoy buscando la justificación de lo importante que es la aplicación de la Metodología Científica en pro de la calidad de los vinos. Y tengo la impresión que la producción de los grandes vinos está reñida con la ciencia. Parece que los términos “ciencia” y “técnica” solo se pueden relacionar con los vinos tecnológicos y comerciales. Solo si se trabaja según la tradición y como lo hacían los antepasados, se puede entrar en el círculo de los vinos míticos…
Perdonad, pero no estoy de acuerdo. Creo que la evolución de nuestros conocimientos la podemos comparar a una carrera de relevos, donde cada generación debe aportar mejoras que éstas servirán para las generaciones futuras. Esto es lo que justifica nuestro grado intelectual como personas.
En una ocasión escuché una charla de una persona propietaria de una bodega muy nombrada en nuestro país, bodega que se merece todo el respeto por sus buenos productos y por su trayectoria a lo largo del tiempo. Atribuía la excelencia de ciertos vinos al lugar de procedencia, a la finca de origen escogida por alguna orden monástica del medievo, también cantaba las excelencias del clima de aquel lugar en concreto. Incluso llegó a decir que el enólogo debe ir con mucho cuidado de no estropear lo que la naturaleza le ofrece. La verdad es que esto manifiesta un desprecio de toda participación humana, y un querer atar absolutamente la calidad a la finca. La finca tiene importancia claro, nadie lo ignora, pero el hombre es quien tiene la inteligencia y la sensibilidad, es quien decide y ejecuta.
A pesar de ello, sabemos que no todo el mundo piensa así y sí hay personas que son fundamentales y que han aportado mucho a la evolución de la viticultura. Encontré muy interesante un escrito muy antiguo del propietario de la Romanée Conti en la Borgoña. Y aunque la finca con un suelo y clima concretos confiere a los vinos unas características determinadas, podemos ver su voluntad inagotable en hacer lo imposible para obtener vinos de calidad.







