La poda es una actuación agresiva sobre la cepa, que el viticultor hace de forma repetida cada invierno. Los sarmientos forman parte de los brazos, ya que estos son prolongaciones laterales externas de los haces libero-leñosos. Al cortar un sarmiento en la poda, la unión de este con el brazo, se seca. Es muy importante, que el corte no esté hecho a ras de la base, es mejor cortar un poco largo y dejar un trozo de la base del sarmiento al exterior, de forma que la parte de madera que se seca, esté en el exterior del brazo y no penetre hacia adentro, de esta manera, no se crean inconvenientes en el transporte de la savia de los haces activos.
En nuestras fincas, el podador corta anualmente una media de unos 15 sarmientos por cepa. Esto presupone 15 heridas y 15 secciones secas. Si extrapolamos esos 15 cortes de un año a 20 años, tendremos cepas con 300 zonas secas, procedentes de 300 sarmientos cortados durante los 20 años.
Estas 300 zonas secas, son un gran impedimento para el recorrido de la savia (agua y alimentos) por los vasos conductores hacia el conjunto de células que forman los tejidos, los órganos, y en resumen la planta.
Si las cepas están en suelo fértil, el vigor que provoca este suelo, inducirá al crecimiento de los tejidos reparadores de este trauma y la cepa se irá recuperando durante los continuos ciclos vegetativos que se irán sucediendo. Pero si la cepa se encuentra en suelo pobre, el crecimiento de los tejidos reparadores será insuficiente y las cepas irán perdiendo vigor y su producción mermará muy significativamente a lo largo del tiempo.
Por lo tanto la poda, es una de las causas más importantes, del envejecimiento de las cepas. También es un factor causante de la disminución de vigor y una posible causa del carácter de los vinos.
Naturalmente con esta intervención agresiva no pretendemos fastidiar a la cepa. Nuestro objetivo es intentar conseguir con la poda, una producción máxima de uva, con la mejor calidad y que las cepas tengan una vida, lo más larga posible. Con este ánimo pues, enumeramos una serie de observaciones que la experiencia nos ha aportado, a lo largo del tiempo:
- Para producir vinos de calidad y personalidad, el racimo debe ser de pequeño tamaño y con sus granos sueltos, pues ésta es la morfología ideal para una maduración homogénea.
- La morfología de las uvas, depende de cada variedad y del vigor.
- El diámetro y longitud de un sarmiento depende de la relación entre el número de sarmientos y su vigor (expresado en gramos).
- Según nuestras comprobaciones hechas, el peso de un sarmiento de 1,20 metros de longitud es de 50 g.
- Cuando vemos cepas débiles con sarmientos cortos, encontramos la causa en que le hemos dejado demasiados sarmientos para el vigor que tiene.
- Cuando observamos cepas con un exceso de vigor, por el crecimiento continuo de sus sarmientos, encontramos la causa en que le hemos dejado pocos sarmientos para el vigor que tiene.
Esto nos obliga a redefinir el término de VIGOR:
El término vigor lo debemos utilizar para definir la capacidad que tiene una cepa, de producir madera y uva. En suelos fértiles, las cepas tienen más capacidad de producir (madera y uva) y en suelos pobres, tienen menos capacidad.
En cambio, podemos hablar de un vigor aparente para las cepas desequilibradas cuyo crecimiento no para en el momento del agostado. Si no podáramos nunca, en la naturaleza no encontraríamos cepas más vigorosas unas que otras, encontraríamos cepas con diferente volumen de ramas y masa foliar, porque en la naturaleza hay suelos más fértiles y los hay más pobres. La poda pues, como una intervención artificial, debe servirnos para repartir o equilibrar el vigor de cada planta.
Y queremos transmitir una conclusión sobre el vigor:
Se dice que un suelo fértil, produce cepas con mucho vigor y las uvas no tienen calidad.
Pero la experiencia nos ha demostrado que si intervenimos con una poda correctiva, podemos equilibrar el vigor de cada cepa independientemente de la fertilidad del suelo donde se encuentre. Así conseguimos que la calidad de la uva no dependa del suelo.



